¿Protección de los menores en la Iglesia? Sí, de los clérigos sodomitas

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Desde hoy, 21 de Enero, hasta el 24, va a celebrarse en Roma la denominada reunión sobre «Protección de los menores en la Iglesia», la cual será inaugurada por el Papa Francisco I, quien llega a ella manchado con la evidencia de que su actitud en este asunto no ha sido ni lo ejemplar ni lo firme que todos, católicos y no católicos, hubieran querido; pero es que ya sabemos de qué va este hombre. ¡Qué le vamos a hacer… por ahora!

En la «reunión» participarán los presidentes (secretarios) de las conferencias episcopales y los responsables de las órdenes religiosas de todo el mundo, por lo que se trata de un evento de gran relevancia con características prácticamente «sinodales» casi sin precedentes. Lo cual, dicho sea de paso, es ya de por sí penoso, porque que tantas cabezas pensantes y tanto obispo de tantos lugares distintos no hayan sabido, ellos y sus predecesores, cortar de raíz en su día, y después, tan lamentables hechos, les pone en evidencia; como también que tengan que reunirse para ver, saber o decidir cómo hacerlo, ya que el asunto permanece vigente, por desgracia.

El problema más grave, con todo, es que mucho nos tememos que la cosa ya está encarrilada y que nada bueno va a salir de tan «magna» reunión, porque su mismo título es, cuando menos, confuso y light. Proteger a los menores en la Iglesia ¿de qué y de quién? Y ¿qué se entiende por «menores»? Se nota que, de nuevo, nuestra jerarquía apuesta, como siempre, por no ir directamente al meollo, al grano, al quid de la cuestión, a llamar a las cosas por su nombre por muy feo y duro que sea. Malo, muy malo todo de nuevo.

En Roma (Italia)

En la Iglesia no hay que «proteger a los menores», en la Iglesia lo que ocurre es que hay un gravísimo problema de sodomía, hoy denominada homosexualidad por aquello de quitar hierro al asunto. Todos los informes serios realizados por organismos internos de la propia Iglesia –entre otros el demoledor «informe Jay» norteamericano– y por los externos, arrojan una única conclusión: son los clérigos sodomitas los que, cual depredadores, acechan a los menores en la Iglesia; y no tan menores, pues los seminaristas «pasados por la piedra» tenían y tiene más de 17 y 18 años. Ojo: como lo hacen los sodomitas de fuera de ella sea cual sea la naturaleza y fin de las instituciones, organizaciones o colectivos donde se enquistan.

El único problema que existe en la Iglesia con respecto a los menores, y no tan menores, repetimos, es que se ha llenado de sodomitas, los cuales han conseguido reproducirse contagiando a otros, gracias, y aquí está en realidad el escándalo, a que han sido protegidos, consentidos y amparados por la mayoría de la jerarquía eclesiástica; una parte por el «qué dirán», por «evitar el escándalo», por «no querer problemas», por interés, cobardía y debilidad; y otra, no poca, porque también son sodomitas.

En Madrid (España)

Así pues, la reunión que hoy comienza debería haberse llamado «Erradicación de la sodomía en la Iglesia»; su duración: un minuto; participantes en ella: sólo el Papa y la conclusión de una línea: clérigo sodomita que se pille, a la calle ipso facto; pues más vale pocos, buenos y sanos, que muchos malos y bujarrones. Y ello con independencia del nivel, cargo y cualquier otra consideración.

Mucho nos  tememos, y de verdad que ojalá nos equivoquemos, que después de cuatro días de marear la perdiz, nos soltarán un bodrio infumable e ilegible, repleto de palabras altisonantes difusas, escurridizas y huecas, nos hablarán otra vez de la misericordia y del diálogo y… todo seguirá igual, es decir, los clérigos sodomitas en lo suyo y la jerarquía también, o sea, aquéllos contagiando, y éstos mirando al cielo no para implorar perdón, valor y fe, que es en realidad lo que les falta, sino para cantar lo del «pío, pío, que yo no he sido».

Como en muchos otros asuntos, esta publicación digital ya abordó este tan sucio y espinoso tema directamente, llamando a las cosas por su nombre, insertamos los enlaces y les sugerimos que no se los pierdan porque merecen la pena.

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